top of page
Buscar

Tu perro olfatea tu estrés y afecta sus emociones

Foto del escritor: Flying Paw
Flying Paw
8 ago 2024
3 min de lectura

Actualizado: 30 sept


Perro olfateandoel estres de su dueño

Tu perro no solo te mira para saber cómo estás: te huele. Un estudio publicado en julio de 2024 en la revista científica Scientific Reports, realizado por la Universidad de Bristol junto con la Universidad de Cardiff, confirmó algo que muchos dueños sospechaban pero nadie había medido con precisión: el olor del estrés humano cambia el estado emocional de un perro y lo lleva a tomar decisiones más "pesimistas".


La doctora Zoe Parr-Cortes, veterinaria e investigadora de la Bristol Veterinary School y autora principal del estudio, lo resume así: era sabido que los perros pueden entrenarse para detectar cambios de cortisol —la hormona del estrés— en el cuerpo humano, tal como hacen los perros de detección médica. Lo que nadie había estudiado todavía era cómo ese olor afecta las emociones y el aprendizaje del perro que lo percibe.


Para comprobarlo, el equipo reclutó a 18 perros de distintas razas y a 11 voluntarios desconocidos para ellos. A los voluntarios los sometieron a una prueba de estrés real —hablar en público y resolver cálculos matemáticos bajo presión— mientras les tomaban muestras de sudor en paños de tela, además de medirles el ritmo cardíaco, los niveles de cortisol y aplicarles cuestionarios de ansiedad antes y después. Por otro lado, entrenaron a los perros para asociar un bol ubicado en un punto fijo del cuarto con comida garantizada, y otro bol en un punto distinto con la certeza de que estaba vacío. Después, colocaron boles nuevos en posiciones intermedias y ambiguas, y midieron algo simple pero revelador: qué tan rápido se acercaba cada perro a investigar.


perro olfateando un paño con sudor

Acercarse rápido a un bol ambiguo señala optimismo: el perro apuesta a que probablemente haya comida. Acercarse despacio, o directamente evitarlo, señala lo contrario. Antes de cada decisión, los investigadores expusieron a los perros durante apenas 20 segundos al paño con el olor de un humano estresado o de uno relajado. El resultado fue claro: después de oler el estrés, los perros se acercaban más lento a los boles en las ubicaciones más cercanas al bol históricamente vacío, es decir, esperaban con más frecuencia no encontrar nada. El olor de un humano relajado, en cambio, no produjo ningún efecto medible sobre su comportamiento.


"Sugiere que el olor del estrés puede haber disminuido las ganas del perro de arriesgarse a acercarse a ese bol", explicó Parr-Cortes. En otras palabras: los perros que olfatearon estrés se volvieron más cautelosos, menos dispuestos a probar algo incierto, como si ya esperaran una decepción. Los científicos llaman a esto contagio emocional: el perro no necesita ver a la persona estresada ni escucharla — el olor solo, de un desconocido, alcanza para modificar cómo procesa una situación ambigua y cómo aprende de ella.


Lo llamativo es que ni siquiera hacía falta un vínculo previo entre el perro y la persona. Todos los voluntarios eran extraños para los animales que participaron del experimento. Esto sugiere que la sensibilidad de los perros al estrés humano no depende únicamente del apego hacia su propia familia, sino que podría ser una respuesta más general al olor del cortisol en sí. Para cualquier dueño, la lectura es incómoda pero útil: tu perro puede estar absorbiendo algo de tu ansiedad incluso cuando hacés un esfuerzo consciente por disimularla frente a él.


familia viajando con su perro

Ese dato pesa especialmente en los momentos donde el estrés humano es casi inevitable: un viaje, una mudanza, un traslado internacional con la mascota de por medio. Es justamente ahí donde más cortisol soltamos sin darnos cuenta —entre trámites, vuelos, conexiones y despedidas— y, según este estudio, es justamente ahí donde nuestro perro está más expuesto a captarlo y a responder con cautela, ansiedad o desconfianza frente a lo nuevo.


No se trata de fingir una calma que no sentís, porque los perros suelen notar la incongruencia igual. Se trata de trabajar la propia regulación emocional antes de someter a la mascota a una situación exigente: organizar el viaje con anticipación para reducir la incertidumbre de último momento, mantener rutinas conocidas el mayor tiempo posible antes de salir de casa, y darle al perro objetos con olores familiares —su manta, su juguete— que compitan con el olor nuevo del estrés ambiental. Cuanto menos caos genuino haya alrededor de la mascota, menos "olor a estrés" real vas a tener para transmitirle.


En Flying Paw lo tenemos presente en cada traslado que acompañamos: no es solo la logística del vuelo, la documentación o la transportadora homologada lo que determina cómo vive un perro o un gato el viaje — también importa, y mucho, el estado emocional de la familia que lo está llevando.




 
 
 

Comentarios


bottom of page